La fotografía de Fred Cray

Durante varios años, el fotógrafo de Brooklyn Fred Cray ha viajado cada año a una ciudad diferente para pasar sus vacaciones. Se ha quedado en Tokio, Roma y Berlín, tomando fotos de los paisajes, la arquitectura y la gente. Son instantáneas de la vida cotidiana. “Si usted vive en Nueva York, se familiariza demasiado con lo que está justo en frente de usted”, dice Cray. “Voy a una nueva ciudad y me digo: ‘Estoy aquí. No hay mejor lugar para estar. “Me obliga a seguir observando lo que está a mi alrededor”.Tanto es así, que en su última serie, todo depende del azar.

Es como si estuvieras en el cine viendo una proyección de fotos de diferentes ciudades del mundo y admirando la belleza que hay en cada lugar. Para poder disfrutar de este tipo de películas tienes que acudir a los mejores cines de las ciudades donde puedes obtener miles de ofertas que las puedes encontrar en Hoyts y MasCupon.com.ar.

La presente exposición

En la exposición actual en la Escuela Hotchkiss en Lakeville, Connecticut, las fotografías multicapa de Cray se parecen al trabajo de un acuarelista, lo que implica un sentido de movimiento en el tiempo y la imagen. En primer lugar, Cray imprime su imagen, ya sea un autorretrato, paisaje o persona, sobre una superficie que repela la tinta. Entonces el cronómetro comienza. El final de sus decisiones rápidas y precisas es una magistral combinación de una fotografía realista, transformada por la manipulación y, bueno, la suerte.

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Pero lo que es posiblemente el más fascinante sobre el trabajo de Cray es su deseo de mostrar las fotografías como objetos, y no al revés. Lo hace superponiendo variaciones de exuberantes colores, telas, texturas y exposiciones sobre cada imagen.

Fotografías espirituales

La imagen que podéis ver a la izquierda es un ejemplo de su virtuosismo. Un autorretrato cuasi directo recubierto por un gallo que sale de la silueta y que gotea de tinta, parte de la continua serie de autorretrato de Cray, o “fotografías espirituales”, como los han llamado críticos. Estos disparos reflejan un tipo diferente de intimidad en el yo interior del artista. “La misma persona está en todas estas imágenes”, dice Cray, “pero ¿hasta dónde puedo transformarme fotografiándome y no repetirlo?”

Para sus obras, ha realizado multitud de experimentos, poniendo su vida en riesgo en múltiples ocasiones. Para una de sus series se afeitó la cabeza y se prendió fuego, para otra se llenó la boca de tierra. Las opciones para Cray son, bueno, ilimitadas. “Instintivamente sólo quiero hacer algo diferente. Es lo que más me atrae”.